martes, 28 de abril de 2015

El Pájaro moscón europeo


En estas fechas todas las aves andan atareadas en sus labores reproductoras,
algunas más madrugadoras como las Fochas o los Azulones ya llevan su prole detrás, pero otras aún andan construyendo sus nidos.



En esta zona de León muchas aves suelen esperar a que las hojas salgan para disimular sus construcciones, pero como en todo hay excepciones, y en este sentido en mi opinión unos de los que se llevan la palma son los Pájaros moscones europeos.


Este pajarillo de nombre científico (Remiz pendulinus) cuya característica fisionómica más destacada es su “antifaz” negro, construye uno de los nidos más llamativos.


Comienzan su construcción antes de que las hojas salgan por completo, y escogen siempre márgenes de arroyos, ríos, lagos o lagunas, en resumen, al lado o sobre el agua. En este caso no hemos tenido que ir muy lejos a buscarles, ya que en el arroyo que pasa al lado de nuestra casa hemos localizado varias parejas.



Estos hábiles artesanos hacen de sus nidos una maravilla de construcción con esa forma característica como de vasija o redoma de aspecto acogedor. Para ello buscan normalmente el extremo de una rama flexible en la que el macho comienza a tejer primero la sujeción de la que luego va a colgar el nido.


Cuando los machos tienen la “obra” ya algo avanzada tratan de atraer a alguna hembra y cuando lo consiguen continúan juntos la construcción. Para ello utilizan fibras vegetales que luego forran y entretejen con pelusas procedentes de las eneas o del “polen de los chopos”  u otros árboles y arbustos que tienen alrededor.






En estos días hemos disfrutado viendo trabajar en todas las posiciones y formas a varias parejas de estos pequeños paseriformes, admirando la habilidad con la que acomodaban y tejían los aportes de pelusas que traían de los alrededores del nido, incluso aprovechando materiales de nidos próximos del año anterior.



Como no todo iba a ser trabajo duro, de vez en cuando la hembra adoptaba una posición característica moviendo las alas “citando” al macho, que no se hacía de rogar para realizar la cópula.





También el macho paraba algunas veces y se ponía a cantar en el tallo de una enea o en una rama para marcar su territorio, permitiéndonos admirar su plumaje.


En fin, una mañana disfrutando observando el comportamiento de estas miniaturas que nos permitieron tomar un montón de fotos, eso sí, haciendo verdaderos malabarismos para sortear los tallos secos de las eneas (cohetes) lo que no siempre fue fácil debido a la distancia prudencial a la que estábamos para no molestarles.






Esto ha sido todo, espero que os haya gustado.

Hasta la próxima.

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